La Amazonía o Amazonas es la selva tropical más extensa en el planeta. Su territorio cubre más de siete millones de Km2 a través de ocho países de Sur América. Brasil es sólo uno de ellos.

En algunas regiones como China o Europa, los bosques están en expansión gracias a programas de reforestación y cultivos arbóreos. En otras zonas del mundo, selvas como la Amazonia, el Congo y Asia se encuentran amenazadas constantemente por el ser humano.

Estas selvas junto con los bosques y los océanos, forman en conjunto el proceso de respiración del planeta.

Como bien les he comentado en otros artículos, el problema del cambio climático en parte se debe a un exceso de Gases de Efecto Invernadero en la atmósfera, especialmente, el dióxido de carbono (CO2). Los árboles de la selva amazónica capturan millones de toneladas de este gas para realizar la fotosíntesis. Este proceso posibilita el crecimiento y regeneración de los árboles, reduce la cantidad del CO2 en la atmósfera y libera oxígeno. Son precisamente estas selvas las que ayudan a frenar nuestro problema ambiental.

La selva amazónica, específicamente, no sólo colabora con esto, sino también está encargada de regular el clima en el mundo entero.

El clima de esta selva se caracteriza por ser muy caluroso y húmedo, ya que constantemente la acción del sol a una temperatura mayor a 25ºC, genera que el agua de la lluvia se evapore para formar nubes de lluvia que se desplazarán a otros lugares. Este fenómeno, junto con la gran cantidad de agua que la cuenca del río Amazonas aporta al océano, influye en el clima mundial y en la circulación de las corrientes oceánicas.

Por lo tanto, la Amazonia es quien da vida al ciclo de agua dulce en el planeta y el Arco Minero del Orinoco forma parte de esta ecuación.

El Arco Minero del Orinoco abarca 111.843,70 km2 y forma parte de la Amazonia. 

La deforestación y contaminación de los ríos Esequibo y Orinoco son el resultado de la búsqueda del coltán, oro y diamantes en el territorio venezolano.

Según la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada – que trabaja con la ONG venezolana Provita -, en la última década la deforestación de la selva amazónica en Venezuela ha sido superior a casi todos los países que conforman esta región.

Para el año 2000, la Amazonia venezolana había perdido 8.900 Km2 de sus bosques originales, y en los siguientes 13 años perdió otros 4.150 Km2 producto de la deforestación.

Organizaciones ambientalistas estiman que Venezuela es el segundo país de la Amazonia con más incendios este año.

Actualmente nuestra Amazonia está en llamas.

Está siendo consumida por un incendio forestal desde hace más de 18 días y aún no logran apagarlo. No sólo ha extinguido una parte del ecosistema sino también su humo llegó a ciudades como Sao Paulo creando atardeceres prematuros y tóxicos.

La hipótesis más cercana, según un informe del diario El País, llega por parte de unos especialistas, quienes consideran que la quema deliberada de basura provocada por terratenientes de la zona para aligerar su paso por la Amazonia, sumado a la temporada de clima seco, fueron los detonantes del siniestro.

Los expertos señalan que el origen de este incendio podría corroborarse con la noticia difundida previamente por el diario Folha, de Sao Paulo, en la que anuncian que unos hacendados del Estado de Pará (Brasil) habían declarado al 10 de agosto como “el día de fuego”. Curiosamente, desde esa fecha se ha detectado una interminable ola de incendios forestales en la Amazonía.

La selva amazónica forma parte del territorio de 8 países suramericanos, pero es fundamental para la vida de todos en el planeta. No es responsabilidad únicamente de Bolsonaro sino de los 8 gobernantes de dichos países y sus ciudadanos.

El problema no es quién debe apagar el fuego sino quién prende la llama y por qué.